Crónica del concierto de Roger Waters en Bogotá

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Primera vez que contesto a las preguntas del funcionario de inmigración en el Aeropuerto El Dorado con una sonrisa en el rostro.


– ¿Motivo de su visita?
– Vine a ver un concierto…
– ¿Concierto de?
– Roger Waters.
– ¿Tiene su entrada consigo?
– Por supuesto.

Bogotá me recibió con una temperatura cercana a los 10 grados y una larga fila junto a una señal de Taxi. Luego de darle la dirección de hospedaje a mi conductor de turno, nos adentramos en la ciudad y pude observar sobre lo más alto de la autopista, una gran valla promocional que decía “PINK FLOYD´S, ROGER WATERS, US + THEM, 21 DE NOVIEMBRE”.

Algo especial se respiraba en el ambiente. Pese a los conflictos políticos y sociales que en este momento afectan a Colombia, pude percibir una atmósfera particular: como si algo importante estuviese a punto de pasar. Por supuesto que no faltaba quien ignorase que Waters estaría tocando, en tan solo unos días y que esta podría ser su última gira, pero quienes ya teníamos nuestras entradas en mano nos dábamos a la tarea de imaginar lo que sería el tan esperado concierto.

Luego de hacer algo de turismo, me dirigí con dirección al Estadio Nemesio Camacho, mejor conocido por los capitalinos como El Campín. Luego de un “trancón” de más de una hora, llegué para ubicarme en la Zona Oriental Central. Puerta 20. Fila Y. Asiento 34. Una vez en mi asiento, justo a las 8:00 PM, se encendió una pantalla gigantesca mostrando a una mujer de espaldas frente a la playa. Ella también esperaba, como las más de 30 mil personas que nos congregamos para cumplir un sueño y tener el placer de escuchar a Waters y su banda.

Al apagarse las luces por completo, poco a poco pudimos reconocer los latidos de un corazón y unas voces apenas entendibles. Estaba a punto de comenzar Breathe. Los primeros acordes fueron difíciles de escuchar entre los gritos y aplausos que siguieron a la aparición de la banda. Estábamos recibiendo los primeros segundos de un Waters que se presentaba con 75 años, su bajo y una sonrisa en el rostro.

Breathe, breathe in the air… don´t be afraid to care… Esa fue la invitación de Roger a que nos relajáramos, respirásemos y nos preparemos para disfrutar de un concierto maravilloso.

Y así fue…

Roger Waters y su equipo desplegaron una maquinaria multimedia realmente impresionante. Cada una de las imágenes de la pantalla acompañaba de forma perfecta cada una de las canciones que formaron el repertorio. Ir a ver al ex bajista de Pink Floyd es una experiencia para todos los sentidos.

En lo personal, no eché de menos ningún tema. Canciones como Shine On You Crazy Diamond, Mother, o Run Like Hell, no hicieron parte del repertorio; sin embargo, pudimos escuchar casi todo el The Dark Side of the Moon, con un arreglo vocal en The Great Gig In The Sky que hipnotizó a la audiencia. Para Another Brick In The Wall, Part 2, un grupo de jóvenes pertenecientes al colectivo artístico Movtómico, se sumó a Roger para cantar la segunda estrofa y realizar una coreografía que al finalizar dejaría ver unas camisetas con la palabra RESIST. Esto último fue precisamente el tema del intermedio.

Durante 20 minutos, observamos diversas oraciones que componen el pensamiento social y político de Waters. “RESIST INTERNET CENSORSHIP”, “TO DISCRIMINATE AGAINST ANYONE ON THE BASE OF THEIR RELIGION OR ETHNICITY, IS OBSCENE”, fueron solo algunas de las frases que despertaron la euforia del público.

El segundo set dio inicio con la aparición de cuatro chimeneas sobre la pantalla que formaron la portada del álbum Animals. Dogs y Pigs (Three Diferents One) fueron los temas con los que Waters se pronunció en contra de diversos gobiernos, en especial el que representa el presidente
Donald Trump, dejando ver su rechazo y haciendo uso burlesco de imágenes del presidente norteamericano.

Así mismo, Waters animó a la juventud colombiana a continuar con su lucha frente a la delicada crisis educativa que vive el vecino país; cosa que fue muy bien recibida por la audiencia que le agradecía con consignas y aplausos.

Pudimos notar que se acercaba el final del concierto cuando al tocar los últimos temas del Dark Side, apareció una pirámide de luces recreando la imagen que identifica al que es, sin ninguna duda, el disco más importante de la banda.

Comfortably Numb… esa es una canción que me resulta conmovedora de principio a fin, sin embargo, ahora la recordaré como la canción con la que Roger Waters finalizó su concierto en Bogotá.

Llegué de vuelta a Maiquetía con un sabor agridulce, pues acababa de vivir una de las experiencias más importantes de mi vida, pero a la vez lamentaba que muchos de mis compañeros y amigos no pudieran disfrutar a mi lado de un concierto que ha marcado un antes y un después.

Ojalá muy pronto podamos volver a contar con la presencia de bandas y artistas de renombre que nos deleiten con su música.

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